[TRADUCCIÓN] ¿Quién es responsable? (Michael Rock, 1992)

La responsabilidad es la última palabra de moda en el diseño; no hay forma de escapar de ella. Agarra una revista de diseño y seguramente la encontrarás en algún lado. Los peces gordos, acomodándose después de pasar por una enorme cantidad de inscripciones para algún concurso de diseño de moda, hayan tiempo para lamentar la falta de compromiso social en el trabajo que acaban de premiar. Los profesores se esfuerzan por inyectar algún contenido político en sus tareas de tipografía. El AIGA (American Institute of Graphic Arts) incluso dedicó una conferencia completa al tema, dando a los habituales la oportunidad de reunirse y explicar cómo su trabajo en realidad ha sido proactivo todo este tiempo.

De alguna manera parece ser un giro en un 90%. Con todo esa charla sobre la responsabilidad social, ¿realmente entendemos la complejidad del problema en lo que respecta al diseño? El tema de la responsabilidad en una profesión involucrada en la modulación de la información es desalentador. Hay un poder implícito involucrado en el diseño gráfico que se deriva de la participación en la produción de imágenes, y todo poder conlleva consigo una responsabilidad. Pero hasta ahora, no hemos abordado lo suficiente este aspecto de la cuestión. ¿Es la responsabilida social una función del contenido, la forma, la audiencia, el ciente y/o el diseñador?

Michael Rock - Fuck Content (2005)

De acuerdo al saber convencional, todo se reduce a dos cuestiones básicos: 1) No trabajar para fabricantes de cigarros o para compañías que producen bombas de neutrones y gas nervios, y 2) Ser sensible al impacto de los materiales que les especificamos a nuestros clientes. La tinta metálica de ocho colores sobre papel estucado es mala; el pigmento de soya en material reciclado es bueno. Pero esta lectura elementar del problema superficial tiende a oscurer los asuntos subyacentes  más importantes.

En la era de las megacorporacicones, la delimitación entre empresas es cada vez más vaga. Si te niegas a trabajar en la empresa de bombas, ¿trabajarás para el banco que la financia? ¿Qué tal en el museo de arte que subvenciona? ¿O la estación de TV que posee? Si el diseñador es un defensor del cliente, ¿la voluntad y el mensaje de quién son primordiales? Existe una confusión entre la responsabilidad social y personal. El diseñador, como cualquier profesional, debe examinar la implicación de cualquier actividad o relación clientelar en vista de su propia posición. Estos son puntos de conciencia e integridad indivisual más que de responsabilidad social.

En cuanto al tema ecológico, nadie está en contra del medio ambiente. Y a medida que la etiqueta de "impreso en papel reciclado se pone cada vez más de moda, convener a los clientes de que opten por la ruta ecológica o respetuosa con el medio ambiente se vuelve cada vez más fácil. Por supuesto, el resultado final de un plan ambiental liberal es positivo, cualquiera haya sido la motivación corporativa para adoptarlo. Si bien emplear materiales menos nocivos puede ser el comienzo (aunque la composición exacta de los productos reciclados está envuelta en controversias y, a menudo, el término es pura exageración de marketing), la conexxión entre el diseño y los desechos puede no remediarse tan fácilmente.

Michael Rock - It is what it is (2009)

Quizá el impacto ambiental más signifivativo que los diseñadores podrían instigar sería el convener a sus clientes de que no produzcan la mitad de los inútiles materiales impresos que se les encarga crear; o proponer soluciones reducidas significativamente en tamaño y complejidad. Como esto equivaldría a alentar a los desarrolladores de bienes raíces a la legislación de espacios abiertos, no hay muchas posibilidades de que suceda en ninguna medida considerable. El practicante con mentalidad de ganancias no discutirá para eliminar un proyecto que lo lhaga conseguir una gran cantidad de dinero. Dejando de lado el elevado interés propio, las leyes del consumo capitalista aseguran que esto no será un fenómeno generalizado. Para abordar realmente este problema, los diseñadores deberán redefinir cómo facturan los proyectos, para romper la correlación entre la mayor parte del producto final y la tarifa del diseño.

La responsabilidad social del diseñador es la responsabilidad de crear formas significativas. Los diseñadores pueden controlar el conducto por el que pasa la información; sin embargo, a menudo desconocen la función básica de las mismas imágenes siendo transmitidas. El diseñador socialmente responsable debe ser consciente del efecto cultural de todos los productos que pasan por el estudio, de los cuales no todos tienen gran trascendencia. Los diseñadores participan en una gama tan aplia de proyectos -desde mapas hasta catálogos de ropa- que sería absurdo decir que hay una sola posiicón social identificable en su trabajo. Los proyectos pueden variar desde lo absolutamente esencial hasta lo derechamente engañoso. Sin evocar algunos estándares políticamente correctos preasignados, ¿es posible una definición funcional de contenido socialmente responsable?

Dejando a un lado los dilemas de conciencia personal y sensibilidad ambiental, nuestra preocupación debe estar en las facetas del diseño gráfico que están directamente relacionadas con la sociedad y nuestra función dentro de ella. Si bien es posible que hayamos abandonado una descripción puramente pragmática del diseño, el rol social básico -el de mediar, organizar, traducir y crear el acceso a la información- permanece intacto. Entonces, ¿es la responsabilidad una función de la forma, el contenido, los materiales o el cliente? La idea de una forma aceptable es dudosa; la de materiales ecológicamente sensibles no hace falta decirlo; el contenido es demasiado amplio como para ser definido, y la situación del cliente es turbia.

Diseño de Micah Barrett para un workshop de Michael (2018)

Parece que, prescindiendo de algún contenido estándar aceptable, la cuestión se juzgará caso por caso. La mayoría de los diseñadores pueden malabarear consideraciones aparentemente contradictorias al mismo tiempo, cada una con un valor específico. Algunos ven ciertos proyectos como medios para financiar otras actividades más vitales y menos lucrativas. La expertise en diseño profesional es cara, solo las empresas más rentables pueden permitirse el acceso a una consulta de comunicación sofisticada (y deberíamos preocuparnos por este nexo de dinero, poder y comunicación). Sin embargo, curiosamente, muchos diseñadores hacen su trabajo más eficaz y sugerente para situaciones de no pago. El punto de asumir trabajo político o proyectos pro bono es utilizar las herramientos del diseño gráfico para ayudar a una organización a acceder plenamente a la audiencia que necesita los servicios y la información que ofrece. El trabajo pro bono a menudo apoya a grupos que prestan servicios a los segmentos de la sociedad que podrían beneficiarse de la cultura de la información y que habitualmente están excluidos de ella. La realidad desafortunada es que muchos diseñadores ven la donación del servicio como una oportunidad para una libertad creativa que no pueden obtener con sus clientes que pagan. Tal vez su caridad inspire una sensación de empoderamiento y rectitud, lo que en realidad nubla su capacidad de concentrarse en resolver los problemas de comunicación reales a los que se enfrentan.

Una definición clara de responsabilidad social puede eludirnos. Quizá lo mejor que podemos esperar es un reconocimiento de los temas complejos involucrados en la comunicación. En tiempos en que el acceso a información real para los desafavorecidos parece estar cada vez más en peligro, y donde el poder y el dinero controlan la mayoría de los medios para producirla y difundirla, el objeto de desarrollar una comunicación simple y efectiva con una audicencia masiva parece especialmente relevante. La claridad puede convertirse una vez más en una preocupación social importante, no por decreto, sino porque el contenido es demasiado vital e importante para oscurecerlo. De hecho, el mensaje puede estar por encima del estilo, pero el estilo será reconocido por los importantes valores culturales que transmite.

Al final, quizá la oscura verdad es que el trabajo más socialmente irresponsable está más cerca de lo que sospechábamos. Antes de buscar otros culpables, quizá deberíamos considerar todos los trucos tipográficos sobrediseñados y sobreproducidos que no cumplen ninguna función real, hablan solo a otros diseñadores y a la élite cultural, y -a través de la opulencia y la inutilidad-, se deleitan en un nivel de consumo ostentoso que glorifica el exceso financiero. Quizá, para cita al filósofo inmortal de Walt Kelly, Pogo, nos hemos encontrado con el enemigo, y somos nosotros.

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