Para quien cantan las paredes [advocación mariana]

"Para contemplar los frescos hay que hablar la lengua del pintor" dice Pascal Quignard en La imagen que nos falta. Entender las construcciones con los materiales que la formaron y el contexto donde se emplazaron, con sus mecanismos, planos y técnicas. Sin manejar su lengua no se hace posible el conversar. Las conexiones se ven truncadas. Pero esto es solo un estadio provisorio en su larguísimo trayecto, cosa más que obvia en la actualidad. Toda construcción está sujeta a cambio. Las vigas se amontan mientras se siguen alzando maquetas en un ejercicio de divinación arquitectónica. Si todo lo que está fuera de esa instancia es esencialmente meditación (consideración/deseo) y reflexión (una curvatura hacia atrás), es porque esa es la catedral donde la imagen decididamente se instala, desde donde observa muy en lo alto devolviendo cada mirada que se posa en ella.

En momentos donde el exceso prolifera, nos convertimos en vehículos que transportan la materia que llenará el vacío: despliegue de un batallón barroco que probablemente nunca vea el fruto de sus esfuerzos, pero que no puede dejar de imaginarlo -jugoso, chorreante, sabroso- con afecto mientras se aproxima a la fosa.

El agujero, el espacio delimitado, supone necesariamente aquello que ha de contener. No lo que puede contener, sino lo que ha de contener, porque cada uno de estos elementos (objetos-problema) llaman activamente, magnetizan con furia, y nos hemos hipersensibilizado a sus encantos, por lo que la respuesta no se hace esperar. Los anillos contienen todos los dedos capaces de penetrar en ellos, las bombillas todos los líquidos capaces de atravesar su interior, las ventanas y puertas todo lo que sea capaz de cruzarlas. Por supuesto, también se incluyen todas las acciones que podrían destruirles y, en ese acto, anular el agujero que se vuelve espacio puro. I came in like a wrecking ball. Nunca, hasta el acto de destrucción, es tan obvio que ese agujero que seducía a la materia para que le traspasase era en si mismo un elemento encargado de ocupar un agujero mayor.

Por otro lado, muchos de estos elementos tienen su valor justamente en su vacío, por su capacidad de contener y atiborrar materia en su interior. El cero viene desde oriente a instalar un maximalismo zen.

Estas zonas de implicancia son espacios intermedios, acciones no concluidas, procesos en desarrollo, código abierto. También, acciones anticipadas, momentos previos, un continuum de todo lo que se lleva acabo y que es proyectado proféticamente en la imagen. Es ahí que hacer un trazado del movimiento de la acción se hace complicado. Se puede definir más o menos bien cuando inicia, pero no cuando termina. El arte y el diseño tienden trampas en ese recorrido. Instalan emboscadas como preparación de un camino a transitar. Son los límites sin los cuales no existiría camino alguno. Ese engaño es una necesidad. Se trata de algo en curso, indeterminado, y cualquier claridad aparente es una ilusión construida sobre la duda.

Insinuación: la contraforma nos observa y nos detenemos para que lo haga, nos habla y le escuchamos para responderle adecuadamente, nos pide algo y no podemos negarnos a entregárselo. Está ahí y le miramos, le contorneamos con los ojos a medida que nos arrastra, nos guía, para moldear el mundo. En conjunto, hacemos que algo se manifieste. Conjuramos.

La imagen es un guiño. Hace aparecer aquello que falta, incluso -sobre todo- si no está representado directamente. Easter Egg. La imagen activa algo dentro nuestro y proyectamos de vuelta ante ella algo que desde el interior nace para tomar el lugar que le correspondía incluso antes de ser concebido. Los signos dialogan y se interpretan entre si. Les atamos, pero se nos escapan. Intentamos agarrar trozos del cielo para investigar. Nos damos cuenta de que encuadrar inevitablemente es un fracaso monumental y que por ello nos atrae tanto, porque nos pide ingresar en el. El fracaso es un hábitat, también otro agujero a ser llenado con todo lo que pueda el cuerpo.

"Llenar anuncia ya una ficción de totalidad; como sabemos, nunca se llega a saturar completamente un campo de saber: siempre hay vacío y hay lleno, y tal dinámica es la que produce posibilidad y futuro" - Fernanda Carvajal




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