De Joan Fontcuberta a Instagram: la furia de las imágenes y la virología fantasmagórica de las fotografía

Aunque la fotografía siempre ha sido escritura, conteniendo dentro y fuera de si una estructura narrativa visible, un grafismo literario funcionando como herramienta de narrativización, y aunque se puede establecer como un mecanismo que desde sus inicios se ha encargado de enarbolar ficciones, situado en el plano de la subjetividad, lo que ha sido alterado hoy en día es su sistema de validación y su posicionamiento a nivel social, el como se relaciona con sus productores y consumidores (que tan vagamente se diferencian, si es que lo hacen), con todos sus agentes y ensambladores, y el como se le considera.

En lo postfotografico el acto que se pone de frente es el momento como suceso que se inserta en un contexto que atraviesa y que lo atraviesa, no el movimiento ni el pulso ni el click, pues el antiguo lugar del movimiento ahora le corresponde a la circulación de las imágenes y al trazado de sus interrelaciones que ya no son ese dibujo que hace el movimiento del brazo, sino la cartografía realizada por la circulación misma y su recorrido. El acto ya no se inscribe en la cámara o únicamente en ella, y en el caso de dispositivos que las integran (no limitado a celulares), lo táctil no se detiene en el disparo ni en el tener la foto en las manos o incluso en el poder sostener materialmente sus relaciones. Prosigue, rebalsa, es siempre una combinatoria dinámica que parece escaparse en lo vertiginoso de su apariciones, de sus iteraciones, de su agitación.




Así, se tiende un puente, pero no fijo como piedra o concreto, sino que como una construcción de Lego, como un módulo que puede ser acoplado de diversas formas y que insta a que se le manipule, que invita no solo a su crice sino que a su adentramiento. Un llamado a la acción (CTA). Ahora, cabría preguntarse a voluntad de qué o de quién se realiza tal o cual ensamblaje y si oculta una finalidad que la trascienda a ella misma, que no se encierre en su mera disposición. Ninguna imagen es inocente.

Superando la ficción fotográfica, del uso de la mentira para entretejer la verdad, lo verdadero se instala ya no en lo memorístico-histórico, sino que en lo contingente-relacional. Lo postfotografico trabaja a través de dispositivos para operar a nivel cultural, entrando en una retroalimentación no lineal donde imagen y cultura se nutren una a otra al mismo tiempo. Así, se dinamiza el proceso de construcción de la imagen fotográfica, pues esta contiene dentro de si un mundo mucho más amplio que el que su mirada observa superficialmente, expandido a través de la transmisión, la comunicación y la relación. Ejerce como un virus que parasita mundos, que extrae y propaga sentido, que se adhiere a los cuerpos para aumentar su terreno de juego, apilando planos de significancia uno sobre otros. Nos ponemos a servicio de la imagen, nos entregamos a su producción con fin de desarrollarla. Encontramos un lugar en ella porque ella encontró un lugar en nuestro interior primero.




Quien posa para la foto, quien la toma, quien la revela, quien la publica, quien le da significancia(s) y la hace ingresar en el mundo, en distintos circuitos enlazados en paralelo, puede ser la misma persona y a una escala sin precedentes, en una cantidad antes inimaginable. Para Joan Fontcuberta, quien esté en el último paso es quien manda, quien es capaz de apropiar, organizar, reutilizar, contextualizar, movilizar, codificar y decodificar, hacer que su socialización se expanda, preocupándose así del lugar en que la imagen se inserta y la manera en que lo hace (aunque no es la única capaz de hacerlo). Pero esta persona no es el genio individual de antaño que intentó por todos los medios posibles validarse ante la máquina, buscando resaltar la singularidad de su visión. Hoy, esta persona es una entidad más compleja. Emerge una colectividad que se hace cargo de las imágenes durante los distintos estadios que estas adoptan, elaborando y desarrollando un sentido a lo largo de todo su recorrido. "Público" es una categoría móvil que cualquiera puede adoptar y desechar, al igual que "artista". Es la lógica del prosumidor, productor-consumidor, de la web 2.0 (todavía implacable a pesar de las cripto ensoñaciones de la web 3.0), que también abandona cosas como la posesión en favor de la circulación. Ex-espectador, aunque aún sin una dirección clara.
Can an observer be a participant?
Have I seen too much?
Does it count if it doesn't touch?


Ante la intensidad de la enorme cantidad de imágenes producidas en el siglo XXI, la incapacidad de visualizarlas todas no se torna algo importante en cuanto a que lo que miramos efectivamente es otro tipo de imagen que está más allá de lo que se proyecta superficialmente en la retina, una imagen que surge de las combinaciones, correspondencias y dinámicas de su contexo, una imagen colectiva producida en la síntesis de muchas otras. Si por cada evento se genera una cierta cantidad, lo que yo visualizo finalmente es una imagen mayor que implica todas estas, un total que nace de la vinculación de sus partes y su lectura, incluso si no hemos visualizado o no conocemos todas. No se hace necesario. Se percibe algo más: una imagen que perfila un suceso. Imagen como participación. Similar a lo intuido por la obra de Corinne Vionnet o de otras artistas que Fontcuberta igualmente repasa.



Si el valor de la fotografía aparece hoy en las relaciones que forma, si lo que se pone de frente son los enlaces, los (hiper)vínculos, los terrenos que ara, las zonas en las que se construye, las megaestructuras que permiten el nacimiento de metrópolis que habita, no es para nada difícil pensar momentos en que todo esto suceda solo como excusa para que las imágenes logren replicarse, como algo dispuesto por la fotografía misma para su incesante reproducción, un elaborado plan viral que sigue su curso vorazmente. Pero si somos poco más que un vehículo para la fabricación fotográfica, meros receptáculos de una imaginación otra, a su vez la imagen está dominada estrictamente por el régimen del sentido y es utilizada por este para su propia propagación. Hay un concepto que busca alzarse, germinando en la visualidad, manifestándose a través de cuerpos que se mueven para su realización. Una idea que busca asomarse parasitando encadenamientos de organismos, brotando de los poros de la realidad como pus y ectoplasma desbordante. Irradiación pura, dispersión micelial. Algo que busca atravesarlo todo despiadadamente. El punctum de Barthes era la percepción de una caballería atravesándonos con sus lanzas en una batalla donde somos carne de cañón. Un fenómeno que nos posee por completo, que nos explota despreocupadamente, pero que (aún) no tiene intención de desecharnos.





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