Tecnopaganismo: un delirio sobre magia, tecnología e internet

Nine Words Serve
The TechMage Best:
Keep what works,
Fix what's broke,
Dump the rest.

- Sunfell

Magia(k) y aceleración

La voluntad puede ser proyectada a través de la tecnología, de sus partes y propiedades, y esta puede ser sustentada, protegida y desarrollada a través de la magia(k). Una después de otra, sin saber cuál primero, ourobóricamente.

Desde siempre, la magia(k) ha sido asociada con la creación de implementos y herramientas. La tecnología no es más que otra faceta de la naturaleza, de sus elementos, a través de mezclas, y un manejo de esta por medio del enfoque de la voluntad. Una extensión de quien la crea, una traducción en artefacto. Hay un existir mágico en la tecnología y sus componentes.

La utilización de la magia(k), internet y la tecnología pueden ser -pues no lo son intrínsecamente- herramientas para la liberación, vías de escape de lo que Mark Fisher llamó el Castillo del Vampiro, como un nuevo campo en el que desplegarse y cultivar formas de enfrentar lo contemporáneo y lo que pueda venir en los enredos del tiempo, para relacionarse y crear redes de cultivación, apoyo y desarrollo. Un mapa que nos permite recorrer la historia, una brújula digital implementada en el cerebro, una corporalidad que se transforma y emite una señal en ondas resonantes que se retroalimentan.

El botón de encendido, el símbolo usb, la señalética wifi, las claves que utilizamos, son nuestros sigilos. Cada disco duro, un profundo grimorio. Códigos encriptados, lenguajes de programación con ansias ocultas profundamente, signos utilizados para afectar la realidad.

Hay un flujo constante de energía en la red, en las ondas y las frecuencias, que cruzan nuestra corporalidad, que nos transmiten y retransmiten, transitando de hypervínculo en hypervínculo (como los contenidos acá -destacados con un color dorado-, sin los cuales el escrito estaría incompleto), representado en la tecnodelia.

Al igual que en la experiencia con Wicca, Thelema y otras formas que toma lo oculto-pagano, la narrativa histórica personal es muy importante y central en la propuesta. Los parámetros establecidos funcionan como guías más que como estructuras fijas, rígidas e inamovibles. El tecnopaganismo es algo que se va construyendo en el camino, pieza por pieza, archivo a archivo, byte a byte, enriqueciendo, formando y deformando tu maquinaria. Se desprende de los archivos enlazados en el interior o dispersos por la nube. Es cyberkinética.

No basta con inspirarse en lo arcaico, en el pasado y las tradiciones, como ha sido el estándar en muchos casos relacionados a lo mágico. Si hemos de mirar hacia atrás, será para buscar futuros perdidos entre los desechos del tiempo, en el transcurso del eterno retorno -esa serpiente atragantada con si misma que muda de piel constantemente y se sustenta en su continua diferencia, en la infinidad de posibilidades-, desenmarañando los mitos que creíamos ser implacables e imborrables, a la vez que nos hacemos de nuevas ficciones, ficciones que se derraman, esparcen y cruzan todo, como un puente entre lo digital y lo físico, manchando lo que percibimos como no-ficticio.

Nuestras divinidades y dioses son/somos arquetipos, conceptos, que personifican necesidades, ambiciones, anhelos, los cuales conducen nuestro poder. Esas entidades habitan nuestra mente y el cyberespacio por el cual transitamos. Las proyectamos y transmitimos, en tanto que somos lo mismo. No hay una división que nos separe. Realidad, hyperrealidad, virtualidad. Las separaciones, las fisuras, se establecen como fantasías insuficientes, inexactas, borrosas y débiles, de naturaleza nebulosa. Por ello, nos sobreponemos a ellas. Tenemos las llaves en nuestras manos, las herramientas para el aprendizaje, la comunicación y la expansión. Debemos saber utilizarlas, ponerlas a nuestros servicio, al servicio de nuestra profundidad interna, entendiendo que no nos salvarán por si solas, que no se avanza linealmente -tal como el futuro define al pasado- y que el progreso es ilusorio, errático, que la aceleración existe en contexto de toda esta materialidad evanescente, agitada, buscando escabullirse entre pequeñas grietas, en distintas direcciones, apropiándose de conceptos y resignificándolos, navegando en un mar de contradicciones y discordia, de contenido que se genera constantemente y a una marcha implacable.

Renegamos del solucionismo tecnológico y las fantasías pueriles de los especialistas, con sus débiles propuestas de automatización. La tecnología puede tener agencia, pero no es absoluta. Nos apropiaremos del código y de sus funciones, rechazaremos la sumisión, y trabajaremos en el ensamblaje de mecanismos con amplitud de mira, con consciencia del desgastado y colapsante espacio en el que se insertan. Iremos más allá de esos monolitos desgastados, sucios y ensangrentados. No tenemos que terminar como Prometeo.

Acepto los términos y condiciones.

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Avatares en la red

"En la red, eres una persona andrógina al menos que digas lo contrario. Cualquier sexualidad es lo que has puesto ahí - no hay genero en el procesamiento de información y la información no tiene un sexo" - Emma Bull.

Esta declaración es más la aseveración y la proyección de un ideal que levantamos, de un deseo en formación esgrimido que busca modular la percepción, que algo completamente factual, pues hemos visto y vivido que lo masculino predomina como default todavía. El 1 sobrepuesto sobre el 0, al cual deseamos regresar para rescatar sus propiedades. El 0 es eterna potencia, posibilidad a punto de desatarse, y el 1 es la creación a través de la negación de esta. Nuestro trabajo existe en la construcción de ese camino, en la erupción de esa potencia para que empiece a introducirse en todas las fisuras de la realidad, en la generación de un exceso libre, chorreante. Descargando, subiendo, bajando. Cero absoluto.

Internet ha permitido, desde siempre -y utilizando conceptos y métodos aplicables desde antes de su existencia-, una fácil proyección y manipulación de la imagen, de la identidad, y de la percepción externa. Ser lo que quiero ser, controlar como se me hes visto para alzarme en un nuevo yo. Me vuelvo a la vez que me imagino, intentado evadir el determinismo de género y de clase (menos evidente, pero siempre presente).

A través de estas identidades curadas, fabricadas cuidadosamente, con otro nivel de control a las ficciones que se nos presentan en la carne, podemos hacer una lectura de energías y personalidad virtual. Vemos reflejadas en las pantallas proyecciones que nos narran los mundos internos y externos de cada ser. Como es arriba, es abajo. Cada avatar contiene, en su continuo devenir y flujo por distintas formas tecnológicas, un guía que nos lleva a otro tipo de entendimiento del ser que se representa, el cual podemos traducir de diversas formas.

Cyborgs

En el siglo XXI, vivimos constantemente con distintos tipos de órtesis y prótesis, continuamente en producción. Calibramos y mejoramos nuestra visión con lentes, así como lo podemos hacer con el oído. Cuando entramos en el campo de los cuerpos no normativos, la influencia es incluso más potente. Nuestro tacto, gusto y olfato han sido estimulados de formas que hace varios siglos parecían imposibles o simplemente no eran pensadas o concebidas, no entraban en nuestro plano. Incluso, se dice que desde la primera vez que nuestros antepasados en la escala evolutiva transformaron algo externo en una herramienta, alteraron todo completamente. Extendieron su cuerpo y sus habilidades.

Esto es una realidad que vivimos a diario, con unas reglas que son indescifrables o inexistentes, que creemos domar, pues nuestro ego no permite derrota. Lo que no significa que no podamos atravesarla de alguna forma. Nuestra geografía no son solo planicies, mares, montañas y valles, también es lo que se extiende a través de la Word Wide Web y lo que la conforma, y es ahí donde también nos insertamos, agarrando herramientas e interfaces para extendernos, ramificándonos como el árbol de la vida y la electricidad que recorre nuestras conexiones neuronales.

El cuerpo es un constructo de carne, metal y código. Tecnología es naturaleza, ambas difíciles de -e inútiles de- distinguir de la magia. Un virus que crece constantemente desde el interior. Una profecía.

"Para mi... no importa si una persona tiene un cerebro real o un chip de computadora. Ninguno es prueba de que son humanos o no" - Gally, GUNNM.

¿Xenopaganismo?

El nombre tecnopaganismo ya ha sido utilizado varias veces (mayoritariamente en los 90s, cuando Timothy Leary decía que el PC era el nuevo LSD, y los 00s, de forma ahora desactualizada) y es conocido dentro de ciertos circuitos, o más bien nichos. Ahora, se recoge con la necesidad de  utilizar y reforzar el concepto, de diseminarlo y dejar que parasite en nuevos tipos de existencia, de indagar en sus capacidades y caminos no recorridos. La tecnología funciona como un telar sobre el que se tejen identidades, formas de ser, de actuar y proyectar. Queremos aunar estas ideas en el transito incondicionalmente acelerativo hacia el futuro -desde el pasado-, haya o no un inevitable colapso, buscando una posibilidad para tener completo autocontrol, alejándonos del absurdo de los neoreaccionarios y su desafinado coro estridente (lo que no evita que podamos asaltar sus conceptos y arrebatarles todo código que nos sea útil). Proyectamos un mar de inmensas formas de ser, un florecer de la identidad, un punto de apoyo desde el cual cada persona podrá decidir como expandirse, tal como la inteligencia artificial lucha por sobrepasar el test de Turing y se reconocida realmente como humana.

Hablar de tecnopaganismo parece ser más amplio y abierto para cada experiencia. Aunque gran parte del enfoque sea la virtualidad e internet, el concepto de cyberpaganismo dejaría cojo el asunto al ser insuficiente. Necesitamos tanto el hardware como el software -e inevitablemente el wetware- para completarnos, pues es en el encuentro de ambos donde nos vaciamos, proyectamos, construimos, desarrollamos y reproducimos, avanzando de forma memética. En nuestra corporalidad habita tanto el hardware, los materiales, el soporte físico, como el software, el código y las redes que se esparcen por dentro. Desde el 0 nos formamos, resignificamos los conceptos que definen nuestra existencia, nos hacemos cargo de la naturaleza, abrazamos lo ajeno y nos transformamos en lo alien.

Enlaces/Click

Todo esto, es algo que ya es, que está en proceso, y avanza de forma incondicional.

Tecnopaganos son los rituales que realiza Holly Herndon y su entendimiento, conexión y acercamiento con las inteligencias artificiales. Tecnopaganas son las formas de relación y propuestas realizadas por Donna Haraway. Las melodías y futurítmica de Fatima Al Qadiri, representante de un sinofuturismo que se entrecruza, dialoga y se nutre con el afrofuturismo al nivel que lo plantean Kodwo Eshun y Pedro Bell. Absorbemos, sintetizamos y enlazamos todo ello. Masticamos la cultura pop y llevamos la magia(k) a la Web 2.0, vomitada en una corriente de datos saturada, abriéndonos a la paranoia.

Los manifiestos TelecomunistaXenofeminista y Cybernihilista esbozan caminos que podemos ver a lo lejos, dibujos de posibilidades, y nos hermanamos con sus miradas por muy contrarias que puedan ser. Nuestras voluntades confluyen, incluso si nos hemos equivocado enormemente en lo que hemos trazado. Porque no basta con ponerle algún nombre pomposo a este recorrido, ni metas e intereses vagos o deseos evanescentes como los que plantea Way of The Future, por ejemplo. Queremos algo más, no solo a Silicon Valley y sus molestos ecos regurgitados hasta el infinito. Deseamos -porque el deseo, junto a la voluntad, es el motor principal- enraizarnos hasta lo más profundo (aunque sea momentáneamente y con vaga proyección en el tiempo), llegando a cada rincón, derivando y rebotando, usando internet y sus extensiones como herramientas para recorrer un archivo histórico digital, para luego descomponernos, analizarnos y recomponernos. La mente siempre ha sido un mapa virtual en constante expansión que se desplega por el mundo, donde ideas aterrizan, se multiplican y navegan, como memes en continua reterritorialización.

Estos enlaces, pequeños íconos, comprimen dentro de si una multitud de posibilidades por las cuales derivaremos hasta encontrarnos. Consumimos y sampleamos ideas, conceptos y delirios afines, los cuales se manifiestan y se hacen reales a través de una continua hiperstición. Toda ficción es una (hiper)realidad en potencia, esperando a realizarse.

Tecnochamanismo

En palabras de Aaron Pavao, el tecnochamán es quien cree que la esencia del mundo, su centro, es un algoritmo. En su corazón late una configuración, y el tecnochamán es alguien que cree que hay una moralidad que se puede derivar de este algoritmo, la cual puede ser resumida en: SI ES NECESARIO, AYUDA. Es algo que existe en nuestra capacidad y se transforma en un deber del tecnochamán, quien actúa para ayudar al resto aplicando lo que extrae y procesa de este algoritmo, para luego ser traducido en la existencia humana, considerando tanto el plano físico como los que lo trascienden. Desarrolla el espíritu de la tecnología para servir como medio para llevar a cabo los planteamientos del algoritmo. La tecnología le posee, cruza y recorre su ser, y le permite guiarse y establecer su voluntad. Le permite crear un mapa de la cyberrealidad contemporánea.

No tenemos que ser tecnochamanes ni creer en sus maneras, pero ciertamente podemos aprender de ellas. Sabemos que este algoritmo es sometido a distintas voluntades que están constantemente en pugna y que la energía de esta lucha lo alimenta. Indiferente a su alrededor, avanza, codifica, construye. Si bien podría no ser posible dominar a este algoritmo, infranquiable y encerrado, poder abrir parte de su código es una posibilidad.

Vivimos con estas ilusiones.


"Sin lo sagrado, no hay diferenciación en el espacio. Si vamos a acceder al ciberespacio, lo primero que debemos hacer es plantar lo divino en el" -Mark Pesce

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