Ticio Escobar - El mito del arte y el mito del pueblo
Escrito originalmente en 1986, desde una vereda crítica y poscolonialista (corriente con fuerte auge en los años 80), en contexto de la dictadura que reinaba Paraguay en ese entonces, El mito del arte y el mito del pueblo de Ticio Escobar ofrece una mirada amplia sobre la vista occidentalizada de la producción cultural generada previa a esta, además de los conceptos de pueblo y popular, maleados totalmente por las industrias culturales -que se manifiestan de diversas formas- en función de sus necesidades, sus mensajes y lo que buscan producir.
Aunque hablar de identidad en la actualidad (sobre todo teniendo en cuenta los más de 30 años pasados desde la escritura del texto) es un terreno pantanoso, y aunque hablar de pueblo y lo popular siempre lo ha sido, es un ejercicio necesario si se quiere hacer un análisis crítico de lo que se postula como arte y lo que queda desplazado de esa zona cercada y contradictoria, tan mutante como estática, monolítica, pero con una fuerte habilidad para convertirse en cosas nuevas, siempre y cuando pueda mantenerse y sustentarse a si misma. Una refunción en pos de la permanencia de la supremacia.
La industria cultural usurpa discursos provenientes de lo considerado popular para alimentar lo masivo, la cultura de masas. Se nutre cooptando y haciendo funcional a si, para si, en un contexto de industrialización a gran escala, así pudiendo crecer y sobrevivir, y desechando todo lo demás, lo que no le sirve. La cultura hegemónica de masas y lo popular están divididos por una línea increíblemente borrosa gracias a esto, pero es necesario hacer la distinción, pues ambas categorías cuentan con su propia historia y desarrollo, y a pesar de cruzar simbología y poética, también hay áreas en las que destacan netamente por lo propio, por cosas que incluso son clasificadas como inferiores (desde el lado de lo popular).
El libro plantea, a propósito del lenguaje, la traducción y la recontextualización, que a pesar de que la humanidad lleva miles de años produciendo arte, jugando con formas sensibles y su significación, lo que es considerado arte, su modelo y definición, corresponde a lo que fue producido en un sector específico (Europa) por un "periodo históricamente muy breve" (entre los siglos XVI y XX) -que no deja de ser una aglutinación de sustratos de historias que no le pertenecen-. Arte paso a ser lo que pudiese relacionarse con lo establecido ahí, donde se generaron las ideas de la irreproductibilidad, el genio individual, único e irrepetible y la habilidad de "exhibir la forma estética desligada de las otras formas culturales y purgada de utilidades y funciones que oscurezcan su nítida percepción". Esto último se vuelve importante en la consideración de arte v/s artesanía planteada posteriormente, pues mucha de las piezas pertenecientes a lo popular son vistas como un arte menor, que no comparte ese ideal europeo.
Sobre ello, se sirve de una cita de Pierre Francastel de 1970 para argumentar en contra del l'art pour l'art, el arte por el arte, como un fin en si mismo:
"Ni hoy ni nunca el arte ha revestido un carácter de gratuidad. Los valores estéticos no son valores separados de toda contingencia, valores inútiles. Sé muy bien que la opinión de Kant ha sido tomada por varios y muy importantes pensadores... (pero) no podríamos estar de acuerdo con su fórmula, porque si el arte fuera realmente un finalidad sin fin, o si el artista no se propusiera otro fin fuera de la obra misma, tendríamos que negar al arte todo significado. Y, de hecho, ocurre todo lo contrario: el arte, que ha servido a todas las épocas como medio de expresión y de propaganda, es uno de los vehículos de la ideología de su tiempo".
Por esto mismo, es importante entender toda producción artística dentro del contexto que la produjo, diferente en cada cultura y situación histórica, fuera de un supuesto modelo único artístico y con funciones sociales específicas. Estas obras no poseen inherentemente una artisticidad, esta les es imbuida a través de la perspectiva cultural en la que se genera, de criterios "basados en convenciones históricas contingentes". La carga de los ritos sociales, la historia personal y sociocultural no pueden desprenderse y eliminarse.
El tema del arte, entonces, lo lleva al tema de pueblo. ¿Qué corresponde a lo popular y a la categoría de pueblo? ¿Cómo se separa esto de la cultura de masas? ¿Quiénes pertenecen realmente a estas categorías y quienes quedan fuera? ¿Cómo manejamos estas definiciones sin caer en una exaltación o paternalismo? Esto último es bastante común a la hora de hablar del arte de élite que posiciona a eruditos especializados, capacitados de mejor manera para hablar de ciertos temas, incluso cuando estos involucran a un grupo del cual son ajenos. Se fuerza un análisis externo como si fuese una narrativa propia de una cultura específica.
Al hablar de los pueblos precolombinos, las sociedades acapitalistas (en contraste a la definición de precapitalistas, que supone al capitalismo como un paso natural a dar), y "lo indio", se genera un claro conflicto en la división. Y más allá de las definiciones y la semántica, también se crea una distinción y contraste en su rechazo, marginación e invisibilización y su idealización, mitificación y transformación en icono pulcro, sanitizado. Como dice Lauer, citado por Ticio, el indígena "por momentos parece tener toda la identidad de América Latina, pero siempre termina siendo el depositario universal de su miseria". Lo popular se define por su lugar de subordinación. Estos grupos se plantean en contraste a lo hegemónico, que les aplasta y minimiza, que busca coartarles y dominarles, para tenerles en su control bajo la ilusión de una identidad colectiva. Los intereses hegemónicos se transforman en intereses universales -que a su vez podrían chocar con los intereses estatales, los cuales, al no ser aceptados, pueden ser impuestos por la fuerza-. Es una centrífuga de fuerzas en constante pugna.
Teniendo en cuenta esto, hay que mencionar que el arte popular no es necesariamente contrahegemónico, pues no nace desde una reacción, sino que nace desde si mismo, desde sus propias necesidades socioculturales, previo a cualquier irrupción. En lo que Escobar denomina "comunidades indígenas originarias", el arte tenía una función de cohesión social, como un discurso que nace del mito para poder procesar la historia y la memoria. Desde ahí, no se puede plantear esto como un arte popular, ya que no se proponía en contraste o como alternativa a alguna otra cultura. Esta denominación nace solo en retrospectiva. Más aún teniendo en cuenta que gran cantidad de pueblos no poseían una palabra sinónima a arte. Se denomina como arte popular solo en contraposición a un arte oficialista. La contrahegemonia es una potencialidad que se genera desde ahí.
Finalmente, lo que es considerado arte popular se define como "el conjunto de formas estéticas producidas por sectores subalternos para apuntalar diversas funciones sociales, vivificar procesos históricos plurales, afirmar y expresar las identidades sociales y renovar el sentido colectivo". Esta sería la definición que se pone en contraste a las ideas occidentales, que nace en la recontextualización de estas producciones. Y esta debe permanecer como tal, avanzar y moverse solo en consonancia con lo que los mismos pueblos piensen, pues deben ser participes naturales de este proceso. Deben tener control sobre la producción sensible que realicen, aunque esta sea recontextualizada en el capitalismo actual, aunque en su génesis no haya sido pensada como arte o como una producción fuera de una sociocultura particular.
Más que buscar definir dentro de un marco cerrado, el libro busca plantear lo que significa que el arte popular sea considerado arte como tal, dentro de un contexto diferente al propio, poniendo en juego la historia y la identidad, y que lo sea desde una mirada separada o en contraposición de los conductos artísticos hegemónicos. Lo más importante es cambiar el filtro con el que miramos y alejarnos de las ficciones prefabricadas europeas para tener una cercanía más en resonancia con las sensibilidades propias del arte popular y poder nutrir la percepción. Romper la pared que está en frente y divisar lo que hay más allá de las grietas.
Aunque hablar de identidad en la actualidad (sobre todo teniendo en cuenta los más de 30 años pasados desde la escritura del texto) es un terreno pantanoso, y aunque hablar de pueblo y lo popular siempre lo ha sido, es un ejercicio necesario si se quiere hacer un análisis crítico de lo que se postula como arte y lo que queda desplazado de esa zona cercada y contradictoria, tan mutante como estática, monolítica, pero con una fuerte habilidad para convertirse en cosas nuevas, siempre y cuando pueda mantenerse y sustentarse a si misma. Una refunción en pos de la permanencia de la supremacia.
La industria cultural usurpa discursos provenientes de lo considerado popular para alimentar lo masivo, la cultura de masas. Se nutre cooptando y haciendo funcional a si, para si, en un contexto de industrialización a gran escala, así pudiendo crecer y sobrevivir, y desechando todo lo demás, lo que no le sirve. La cultura hegemónica de masas y lo popular están divididos por una línea increíblemente borrosa gracias a esto, pero es necesario hacer la distinción, pues ambas categorías cuentan con su propia historia y desarrollo, y a pesar de cruzar simbología y poética, también hay áreas en las que destacan netamente por lo propio, por cosas que incluso son clasificadas como inferiores (desde el lado de lo popular).
El libro plantea, a propósito del lenguaje, la traducción y la recontextualización, que a pesar de que la humanidad lleva miles de años produciendo arte, jugando con formas sensibles y su significación, lo que es considerado arte, su modelo y definición, corresponde a lo que fue producido en un sector específico (Europa) por un "periodo históricamente muy breve" (entre los siglos XVI y XX) -que no deja de ser una aglutinación de sustratos de historias que no le pertenecen-. Arte paso a ser lo que pudiese relacionarse con lo establecido ahí, donde se generaron las ideas de la irreproductibilidad, el genio individual, único e irrepetible y la habilidad de "exhibir la forma estética desligada de las otras formas culturales y purgada de utilidades y funciones que oscurezcan su nítida percepción". Esto último se vuelve importante en la consideración de arte v/s artesanía planteada posteriormente, pues mucha de las piezas pertenecientes a lo popular son vistas como un arte menor, que no comparte ese ideal europeo.
Sobre ello, se sirve de una cita de Pierre Francastel de 1970 para argumentar en contra del l'art pour l'art, el arte por el arte, como un fin en si mismo:
"Ni hoy ni nunca el arte ha revestido un carácter de gratuidad. Los valores estéticos no son valores separados de toda contingencia, valores inútiles. Sé muy bien que la opinión de Kant ha sido tomada por varios y muy importantes pensadores... (pero) no podríamos estar de acuerdo con su fórmula, porque si el arte fuera realmente un finalidad sin fin, o si el artista no se propusiera otro fin fuera de la obra misma, tendríamos que negar al arte todo significado. Y, de hecho, ocurre todo lo contrario: el arte, que ha servido a todas las épocas como medio de expresión y de propaganda, es uno de los vehículos de la ideología de su tiempo".
Por esto mismo, es importante entender toda producción artística dentro del contexto que la produjo, diferente en cada cultura y situación histórica, fuera de un supuesto modelo único artístico y con funciones sociales específicas. Estas obras no poseen inherentemente una artisticidad, esta les es imbuida a través de la perspectiva cultural en la que se genera, de criterios "basados en convenciones históricas contingentes". La carga de los ritos sociales, la historia personal y sociocultural no pueden desprenderse y eliminarse.
El tema del arte, entonces, lo lleva al tema de pueblo. ¿Qué corresponde a lo popular y a la categoría de pueblo? ¿Cómo se separa esto de la cultura de masas? ¿Quiénes pertenecen realmente a estas categorías y quienes quedan fuera? ¿Cómo manejamos estas definiciones sin caer en una exaltación o paternalismo? Esto último es bastante común a la hora de hablar del arte de élite que posiciona a eruditos especializados, capacitados de mejor manera para hablar de ciertos temas, incluso cuando estos involucran a un grupo del cual son ajenos. Se fuerza un análisis externo como si fuese una narrativa propia de una cultura específica.
Al hablar de los pueblos precolombinos, las sociedades acapitalistas (en contraste a la definición de precapitalistas, que supone al capitalismo como un paso natural a dar), y "lo indio", se genera un claro conflicto en la división. Y más allá de las definiciones y la semántica, también se crea una distinción y contraste en su rechazo, marginación e invisibilización y su idealización, mitificación y transformación en icono pulcro, sanitizado. Como dice Lauer, citado por Ticio, el indígena "por momentos parece tener toda la identidad de América Latina, pero siempre termina siendo el depositario universal de su miseria". Lo popular se define por su lugar de subordinación. Estos grupos se plantean en contraste a lo hegemónico, que les aplasta y minimiza, que busca coartarles y dominarles, para tenerles en su control bajo la ilusión de una identidad colectiva. Los intereses hegemónicos se transforman en intereses universales -que a su vez podrían chocar con los intereses estatales, los cuales, al no ser aceptados, pueden ser impuestos por la fuerza-. Es una centrífuga de fuerzas en constante pugna.
Teniendo en cuenta esto, hay que mencionar que el arte popular no es necesariamente contrahegemónico, pues no nace desde una reacción, sino que nace desde si mismo, desde sus propias necesidades socioculturales, previo a cualquier irrupción. En lo que Escobar denomina "comunidades indígenas originarias", el arte tenía una función de cohesión social, como un discurso que nace del mito para poder procesar la historia y la memoria. Desde ahí, no se puede plantear esto como un arte popular, ya que no se proponía en contraste o como alternativa a alguna otra cultura. Esta denominación nace solo en retrospectiva. Más aún teniendo en cuenta que gran cantidad de pueblos no poseían una palabra sinónima a arte. Se denomina como arte popular solo en contraposición a un arte oficialista. La contrahegemonia es una potencialidad que se genera desde ahí.
Finalmente, lo que es considerado arte popular se define como "el conjunto de formas estéticas producidas por sectores subalternos para apuntalar diversas funciones sociales, vivificar procesos históricos plurales, afirmar y expresar las identidades sociales y renovar el sentido colectivo". Esta sería la definición que se pone en contraste a las ideas occidentales, que nace en la recontextualización de estas producciones. Y esta debe permanecer como tal, avanzar y moverse solo en consonancia con lo que los mismos pueblos piensen, pues deben ser participes naturales de este proceso. Deben tener control sobre la producción sensible que realicen, aunque esta sea recontextualizada en el capitalismo actual, aunque en su génesis no haya sido pensada como arte o como una producción fuera de una sociocultura particular.
Más que buscar definir dentro de un marco cerrado, el libro busca plantear lo que significa que el arte popular sea considerado arte como tal, dentro de un contexto diferente al propio, poniendo en juego la historia y la identidad, y que lo sea desde una mirada separada o en contraposición de los conductos artísticos hegemónicos. Lo más importante es cambiar el filtro con el que miramos y alejarnos de las ficciones prefabricadas europeas para tener una cercanía más en resonancia con las sensibilidades propias del arte popular y poder nutrir la percepción. Romper la pared que está en frente y divisar lo que hay más allá de las grietas.

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