Kodwo Eshun - Más brillante que el sol
De la colección Synesthesia de la editorial Caja Negra, aparece el año 2018 este libro del escritor y teórico ganés-británico Kodwo Eshun, publicado originalmente en 1998 y que propone, como sugiere el subtítulo, una aventura en la ficción sónica.
Aquí, nos topamos con un libro que se aleja de la crítica musical de periodistas criados en la NME, Melody Maker, Rolling Stones y Creem. Salen Lester Bangs y Simon Reynolds, entran Donna Haraway, Sadie Plant, Deleuze y, principalmente, Michel Chion. Los escritos se encargan de abstracciones, proyecciones, conceptualización, de un viaje a través de la construcción sonora, de los ritmos y las texturas, algo muy parecido a lo que Paul D. Miller (DJ Spooky) realiza en su ensayo La Ciencia Del Ritmo y hermanable con el trabajo de David Toop, que más de una vez es citado como fuente en el libro.
La idea de lo alien, lo distinto, lo diferente, tanto en sentido social como espacial, es una constante en el libro. La oposición a lo humano. Abrazar la máquina, hacerse una con ella. Una propuesta fuertemente cargada tanto desde aceptar lo racial como rechazarlo. Hundirse netamente en lo sonoro, olvidarse de las cargas culturales que normalmente se le han adjudicado a la historia de la música. No hay una corriente única, ni un mismo cause. Todo se construye desde una infinidad de redes que se interceptan, dividen, rechazan o mezclan. Todo se corta y se construye a partir de quiebres.
Citando a LeRoi Jones, del cual Caja Negra editó el libro Black Music, hace un paralelo entre los esclavos, seres traídos desde una tierra lejana, con una forma y costumbre ajena, y los aliens. Crea un diálogo entre ambos desde lo extranjero y lo extraño. Tanto inhumanos como posthumanos a la vez. Esclavos que, no menormente, realizarían trabajos que posteriormente serían relegados a máquinas o que se irían tecnificando cada vez más, sofisticando tanto trabajo como esclavitud.
La tecnología es la base para la creación de nuevas posibilidades, nuevas formas de producir y construir sonido. De utilizar el cuerpo humano, de expandir lo sensorial y proyectar lo interior a través de beats y bits. Trascender a través de una música que viene desde afuera, algo más allá de lo humano, entre los confines cósmicos que recorre el imaginario gráfico de Funkadelic y Pedro Bell, y la narrativa espacial de Sun Ra. Entre los planetas y estrellas que circundan el techno. Un sonido con su propia historia.
Es el hombre-máquina de Kraftwerk, el cual existía incluso antes de que fuese pronunciado por el vocoder de los androides alemanes. Este esperaba pacientemente a ser arrancado.
Es la Revolución Electrónica de Burroughs, con el terrorismo sonoro de Underground Resistance y el sello Metroplex, buscando utilizar el sonido como un virus y alterar las cosas, moverse en la guerra digital.
Es el sueño que ya en 1936 tenía Edgard Varèse: Necesito un medio de expresión completamente nuevo, una máquina de producir sonidos. Las ventajas que preveo de una máquina semejante son las siguientes: [...] ritmos que se entrecruzan independientemente los unos de los otros, simultaneamente en contrapunto;[...] la máquina sería capaz de tocar todas las notas deseadas, o fracciones de notas, dentro de una unidad de tiempo o de medida que hoy resulta humanamente imposible de lograr.
El texto es una nave que recorre todas estas zonas y las entrelaza, uniendo distintas propuestas futurísticas, armando una máquina sensorial que trabaja en base al arme y desarme, la recontextualización, la creación retroalimentatitiva, buscando contar la historia que siempre quedó detrás, como un detalle superficial, al revisar muchas de estas obras en conjunto y retrospectivamente, pero que estaba latente, chirriando, preparada a salir y atacar con su con su ensordecedor ruido y absorbente ritmo.
EDIT 28.04.2020:
He encontrado y subido este material complementario.
Pomassl + Kodwo Eshun – Architectronics (1999)
Aquí, nos topamos con un libro que se aleja de la crítica musical de periodistas criados en la NME, Melody Maker, Rolling Stones y Creem. Salen Lester Bangs y Simon Reynolds, entran Donna Haraway, Sadie Plant, Deleuze y, principalmente, Michel Chion. Los escritos se encargan de abstracciones, proyecciones, conceptualización, de un viaje a través de la construcción sonora, de los ritmos y las texturas, algo muy parecido a lo que Paul D. Miller (DJ Spooky) realiza en su ensayo La Ciencia Del Ritmo y hermanable con el trabajo de David Toop, que más de una vez es citado como fuente en el libro.
EL FUTURO ES MEJOR GUÍA PARA EL PRESENTE QUE EL PASADOLo que principalmente busca el texto es crear una historia que se construye desde el futuro, desde ideas de la ciencia ficción, el movimiento perpetuo y el imaginario espacial, el futuro que va a ser, evitando caer en ideas viejas de lo que se ha llamado la historia negra y las delimitaciones sobre la cual se le ha establecido, aprovechando las ideas del afrofuturismo y los conceptos de avanzada que se han propuesto desde el jazz de Herbie Hancock y Sun Ra hasta el hip-hop de Tricky y Public Enemy, pasando también por la historia del techno y el trabajo de figuras como Jeff Mills, A Guy Called Gerald y 4Hero. Los ritmos como máquinas que se mueven, motores en propulsión, lejos del imaginario de la percutiva tribu africana.
La idea de lo alien, lo distinto, lo diferente, tanto en sentido social como espacial, es una constante en el libro. La oposición a lo humano. Abrazar la máquina, hacerse una con ella. Una propuesta fuertemente cargada tanto desde aceptar lo racial como rechazarlo. Hundirse netamente en lo sonoro, olvidarse de las cargas culturales que normalmente se le han adjudicado a la historia de la música. No hay una corriente única, ni un mismo cause. Todo se construye desde una infinidad de redes que se interceptan, dividen, rechazan o mezclan. Todo se corta y se construye a partir de quiebres.
Citando a LeRoi Jones, del cual Caja Negra editó el libro Black Music, hace un paralelo entre los esclavos, seres traídos desde una tierra lejana, con una forma y costumbre ajena, y los aliens. Crea un diálogo entre ambos desde lo extranjero y lo extraño. Tanto inhumanos como posthumanos a la vez. Esclavos que, no menormente, realizarían trabajos que posteriormente serían relegados a máquinas o que se irían tecnificando cada vez más, sofisticando tanto trabajo como esclavitud.
La tecnología es la base para la creación de nuevas posibilidades, nuevas formas de producir y construir sonido. De utilizar el cuerpo humano, de expandir lo sensorial y proyectar lo interior a través de beats y bits. Trascender a través de una música que viene desde afuera, algo más allá de lo humano, entre los confines cósmicos que recorre el imaginario gráfico de Funkadelic y Pedro Bell, y la narrativa espacial de Sun Ra. Entre los planetas y estrellas que circundan el techno. Un sonido con su propia historia.
Es el hombre-máquina de Kraftwerk, el cual existía incluso antes de que fuese pronunciado por el vocoder de los androides alemanes. Este esperaba pacientemente a ser arrancado.
Es la Revolución Electrónica de Burroughs, con el terrorismo sonoro de Underground Resistance y el sello Metroplex, buscando utilizar el sonido como un virus y alterar las cosas, moverse en la guerra digital.
Es el sueño que ya en 1936 tenía Edgard Varèse: Necesito un medio de expresión completamente nuevo, una máquina de producir sonidos. Las ventajas que preveo de una máquina semejante son las siguientes: [...] ritmos que se entrecruzan independientemente los unos de los otros, simultaneamente en contrapunto;[...] la máquina sería capaz de tocar todas las notas deseadas, o fracciones de notas, dentro de una unidad de tiempo o de medida que hoy resulta humanamente imposible de lograr.
El texto es una nave que recorre todas estas zonas y las entrelaza, uniendo distintas propuestas futurísticas, armando una máquina sensorial que trabaja en base al arme y desarme, la recontextualización, la creación retroalimentatitiva, buscando contar la historia que siempre quedó detrás, como un detalle superficial, al revisar muchas de estas obras en conjunto y retrospectivamente, pero que estaba latente, chirriando, preparada a salir y atacar con su con su ensordecedor ruido y absorbente ritmo.
EDIT 28.04.2020:
He encontrado y subido este material complementario.
Pomassl + Kodwo Eshun – Architectronics (1999)

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